Los bienes muebles conservados en el Monasterio del Olivar

Al abordar el asunto de los bienes muebles que conserva la comunidad, hay que adelantar en primer lugar que en general se trata de piezas de datación muy reciente ya que, como se ha dicho anteriormente, las pérdidas materiales sufridas por el monasterio a lo largo de su historia han sido muchas y más en el caso de este tipo de bienes. Cuantitativamente, lo más destacado es la amplia colección de pintura que decora los espacios más importantes del edificio y que tiene su mejor exponente en el conjunto de lienzos realizados por Alejandro Cañada y Nati Cañada. Las profundas creencias religiosas del pintor, unidas a su ascendencia turolense, fueron con toda probabilidad dos de los factores que motivaron a Alejandro Cañada a realizar el retrato de José Trallero Lou, fraile nacido en Oliete como el autor. Seguidamente se le unió su hija Nati, quien ha venido realizando desde 1971 y hasta la actualidad un amplio repertorio de veinticuatro retratos dedicados a los frailes responsables de la restauración de la orden en el convento y a los asesinados en la Guerra Civil. Destacan los correspondientes a Pascual Tomás Quílez y Mariano Alcalá Pérez, situados en los pasillos de la hospedería.

También son obra de Nati Cañada los seis retratos de miembros destacados de la Merced que decoran las paredes de la sala capitular, realizados entre 2004 y 2007, entre los que se incluye otra versión del andorrano Mariano Alcalá Pérez. La sala está presidida por un lienzo de gran formato de la misma autora, pintado en 2006, y dedicado en este caso al milagroso acontecimiento que dio origen a la construcción del monasterio. En torno a la Virgen del Olivar, que centra la composición, aparecen tres religiosos, en alusión a la comunidad mercedaria, y los marqueses de Atrosillo, ocasión que Cañada aprovecha para autorretratarse junto su propia familia: si sus hijos encarnan al grupo de frailes, ella misma y su marido toman el papel de los Atrosillo. Este lienzo se acompaña de una composición integrada por diez de los bocetos que condujeron a la composición definitiva hoy contemplada y que permite comprender y conocer el proceso creativo de la pintura más importante realizada por Nati Cañada para el Olivar.

Además de la obra de los Cañada, existe un conjunto de siete pinturas del catalán Juan José Abella, fechadas en 1992 y emplazadas en el pasillo de acceso al cementerio de la iglesia. Dedicadas a las siete obras de misericordia corporal, representan las siete acciones necesarias en toda persona cristiana, materializadas en las figuras de unos frailes: visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, redimir cautivos y enterrar a los muertos. El austero expresionismo que Abella imprime a las obras ayuda a decorar un espacio, caracterizado también por su severidad formal, en el que se reconoce la labor de los frailes más relevantes de este convento.

Por ser la pieza más destacada del convento, reservamos para el final el armario-relicario conservado en la sacristía y realizado en el siglo XVII a iniciativa de fray Juan Cebrián. Se trata de un armario empotrado en el muro, que recorre toda su altura hasta el arranque de la cubierta de la sacristía. Cuenta con una base decorada con tres casetones rectangulares entre pilastrillas. Sobre esta base se disponen dos pilastras que flanquean las puertas del armario y que sostienen un pequeño entablamento a lo largo de toda la parte frontal de la pieza, con una decoración de metopas y triglifos que animan el austero aspecto del frente del mueble. Se remata, al fin, mediante dos volutas con forma avenerada, que dejan un hueco en su parte central así como en sus extremos superiores, para disponer tres pináculos lisos como elementos de remate.

Si bien al exterior esta pieza solamente sorprende por sus grandes dimensiones, el interior asombra por un tratamiento decorativo impecable con las técnicas del dorado y del policromado. La parte interna se distribuye en cuatro baldas sostenidas sobre columnillas doradas, que dividen el espacio en cinco estantes sin fragmentar y pintados en todo su desarrollo. Todo el fondo y los laterales de este mueble se policroman mediante motivos vegetales, estrellas doradas en la parte baja de las baldas y grutescos de diversos colores, así como la representación doble de los escudos de la Orden de la Merced y de Juan Cebrián. La cara 

interior de las puertas de este armario-relicario recibe igualmente una profusa decoración, protagonizada por dos escenas en dos tondos ovales en las que se representa a San Ramón Nonato ante la imagen de la Virgen y a san Pedro Nolasco montado en el barco que le conducía a Barcelona, todo ello rodeado de un despliegue decorativo que cubre toda la superficie de las hojas de la puerta.

Según algunas fuentes consultadas, el autor de estas pinturas del siglo XVII sería fray Agustín Leonardo de Argensola, uno de los hermanos Argensola. La pieza se ha conservado sorprendentemente hasta nuestros días porque durante la Guerra Civil el boticario de la zona abogó por no destruir el armario, para su aprovechamiento como armario de farmacia. Hoy luce en su original esplendor gracias a una reciente restauración.

Nati Cañada

Pintora aragonesa de fecunda actividad creativa, cuyo estilo ha recibido La denominación de realismo mágico, cuenta con un Larguísimo currículum expositivo y sus obras tienen una amplia presencia y difusión por Europa y por América, continente que visita con frecuencia. Gran retratista, ha Llevado a su pintura a Los actuales reyes y a Los príncipes de España, así como a primeras damas de América y a personajes notorios como el escritor Gabriel García Márquez. Residente en Madrid, pasa no obstante eL mes de agosto en 0Liete, eL pueblo natal de su padre; Alejandro Cañada, de quien heredó su pasión por La pintura, que dura ya más de cincuenta años.