Los orígenes históricos del convento

A cuatro kilometros, en direccion norte, de la localidad de Estercuel, se encuentra el Monasterio de Nuestra Señora del Olivar, que da vida, desde hace casi ocho siglos, al valle del rio Estercuel. Un lugar recondito y acogedor, cuyo paisaje, dibujado por campos de cereal, olivos, aliagas, pinos, cipreses y encinas, ofrece al convento el ambiente adecuado para el silencio y la reflexion. Comencemos por el principio.

Según cuenta la tradición oral, un pastor llamado Pedro Nobés hallo, en el interior del tronco de un olivo, una imagen de la Virgen, El pastor corrio a contarselo a su señor, don Gil de Atrosillo. El pueblo de Estercuel, extasiado con la noticia, no tardo en organizar una romeria para llevar la imagen a la iglesia parroquial. Pero cual no fue su sorpresa a la mañana siguiente al ver que la imagen volvia a encontrarse en el olivar. El acto se llevo a cabo repetidas veces y el resultado siguió siendo siempre el mismo, por lo que el señor de Estercuel, don Gil de Atrosillo, decidio erigir un santuario mariano en aquel lugar, respetando asi la voluntad de la Virgen.

Los lugareños buscaron explicación a este hecho remontadose a la epoca visigoda. Se pensaba que en aquel lugar ya habia existido anteriormente un santuario dedicado a la Virgen, cuya imagen, segun se habia transmitido de generacion en generacion, habia sido escondida por los visigodos para protegerla ante la llegada de los musulmanes.

No obstante, esta no es la unica version sobre los origenes del convento, pues la leenda tambien ha sido contada de forma mas fantastica y literaria. Buen ejemplo de ello resulta la obra de Tirso de Molina, La dama del Olivar, en la que se narra una emocionante historia de bandoleros y señores tiranicos, cuyo telon de fondo es precisamente la milagrosa aparicion de la Virgen. En esta historia la Virgen se le aparece al pastor Maroto, a quien le hace la siguiente petición:

[...] He querido que aquí se labre una iglesia

Donde mi aceite se guarde,

Y con mi misma presencia

se autorize en Aragón

que a esta Orden sirva y precie.

Ve, pues, pastor a Estercuel,

su gente convoca, y llega

a su Señor; mi devoto,

llama y diles que aquí vengan,

y este sitio me dediquen

con un templo, donde vean

mi imagen, que en este olivo

como en su trono se asienta.

Al pobre pastor nadie creyó, por lo que la Virgen realizó un milagro, prueba de que decia la verdad:

[...] La Dama del Olivar;

para que tanto portento

hoy os sirva de escarmiento

y la vengáis a buscar:

Asióme con ambas manos,

y como es de barro el hombre

(porque este caso os asombre

y me deis fe más humanos),

de una vuelta que me dio,

cual si fuera de tornillo,

acá me echó el colodrillo

y acá la cara me echó.

Según el mercedario Joaquín Millán Rubio, estudioso del convento de quien se recoge gran parte de los datos históricos de este trabajo, el célebre pastor, Pedro Nobés, sí que existió, así como su señor, Gil de Atrosillo, señor de Estercuel, Gargallo y Cañizar. Este mandó construir una ermita y fue ciertamente el responsable de la llegada de los mercedarios. Un documento, fechado en 1260, muestra cómo Gil de Atrosillo les donaba la ermita, la casa de Santa María, el molino, eL horno, el huerto, la viña de Estercuel, tierras de cultivo, dos bueyes, cien ovejas, las abejas de Cañizar, dos cerdas y permiso para cazar, pescar y talar árboles. Todo ello a cambio de ofrecer a un clérigo de la orden para que oficiara por los difuntos de la familia fundadora. El monasterio se ponía en marcha.