La orden de la merced

Para entender los orígenes de la Orden de la Merced debemos remontarnos a la Europa Occidental de los siglos XI y XII, momento en el cual la Iglesia Católica Romana había experimentado un giro trascendental a raíz de la reforma gregoriana. Este cambio de actitud por parte de la Iglesia respondía, entre otras cosas, a la necesidad de renovación espiritual conforme al Evangelio. La Reforma no tardo en llegar a la Península Ibérica. Esta era escenario de la llamada “Reconquista” y, como consecuencia, la Iglesia Hispana también estaba inmersa en un complejo proceso de reorganización. En esta nueva situación de reforma y reorganización nacieron diversas órdenes religiosas. Así nació, impulsada por Pedro Nolasco, la Orden de la Merced, junto a los Cartujos o los Trinitarios, así como las ordenes militares de Calatrava y de Santiago.

La orden de la Merced había nacido como una asociación asistencial, que finalmente adopto la estructura y modo de vida de las ordenes religiosas. Su peculiaridad residía en que a los tres votos característicos de las ordenes religiosas se añadía otro: liberar a los cristianos cautivos en tierras musulmanas, quedando los mercedarios en calidad de rehenes, si la situación lo requiriese. La colecta de limosnas para poder llevar a cabo esta empresa se convirtió así en una de las prácticas cotidianas de los frailes.

La adopción de esta tarea, vinculada tradicionalmente a las órdenes militares, solamente se entiende si se sitúa la fundación de la orden en el marco de las conquistas que llevo a cabo Jaime I el Conquistador. Según las fuentes consultadas, fue entonces cuando fray Pedro Nolasco comenzó a realizar diversas actividades redentoras, que fueron premiadas en 1232 por Ramón Plegamans, comandante de la flota de Jaime I, con la donación de un arenal de la playa de Barcelona. Allí debía construirse un hospital en el que los liberados fueran atendidos.

Pronto llegaría el reconocimiento papal. En 1235 Gregorio IX dio pie a la creación de la orden. A partir de entonces, esta se extendió a Aragón, Valencia, Sur de Francia e Italia, cruzando posteriormente los mares hasta llegar a America.

Según la tradición, la Virgen, dándose a conocer como Virgen de la Merced, se apareció ante Pedro Nolasco, a quien ordeno fundar una orden religiosa para liberar a los cautivos. Este acudió al rey Jaime I, quien participo en la fundación de la Orden de Santa María de la Merced de la Redención de Cautivos, supuestamente efectuada en el Altar Mayor de la catedral de Barcelona en 1218.

Los frailes mercedarios siguieron liberando cristianos hasta el s.XVIII, cuando la Orden de la Merced se convirtió en orden mendicante. A partir de entonces, sus frailes, ateniéndose a la Regla de San Agustin, adoptaron una actitud de acarcamiento a la sociedad mediante la predicación y siendo ejemplo del modelo de vida cristiano.

Actualmente, los frailes mercedarios se dedican a atender parroquias y a aquellas personas que se ven privadas de libertad, lo que, entendido en un sentido amplio, quiere decir personas esclavizadas por la miseria o la ignorancia, explotadas sexualmente o faltas de libertad fisica, como los presos en las carceles.