Los orígenes

A la hora de plantear los orígenes arquitectónicos de este conjunto conventual hay que remontarse al siglo XIII, época en la que se erigirían los primeros edificios que lo componían y que, aunque en la actualidad no se conservan, podemos conocer gracias a las descripciones que realiza el padre Bravo y que recoge en su obra fray Joaquín Millán Rubio. Se trataría de una construcción impulsada directamente por la familia de Gil de Atrosillo, señor de Estercuel, tras la aparición de la Virgen del Olivar.

Siguiendo esas descripciones podemos imaginar el convento con un aspecto muy diferente al actual, puesto que, además de con los espacios indispensables para desarrollar la vida de los monjes, contaba con dos claustros, situado cada uno de ellos en las actuales plazas o espacios libres existentes frente a la iglesia y frente al edificio que ahora cobija el resto de espacios del conjunto arquitectónico.

Por lo que respecta a las indicaciones del padre Bravo sobre la cripta del primitivo templo, fray Millán Rubio cree que no sería otra cosa que el primitivo templo del conjunto. Opinión que parece razonable, pues es muy probable que la primitiva ermita que acabara después adoptando la función de cripta. Y es que, tratándose del lugar mas sagrado del conjunto al ser el espacio que cobijaba el olivo en el que se había producido la aparición mariana, se decidió llevar a cabo en este espacio el enterramiento de los marqueses de Cañizar. Es mas, seria el lugar en el que se celebraría la comunión de los peregrinos que visitaban este santuario, hasta que en momentos posteriores este espacio se considerara insalubre y fuera remodelado.

Los restos constructivos que en la actualidad se conservan de estos momentos iniciales del monasterio son prácticamente inexistentes y se reducen al pozo ubicado frente a la entrada de la iglesia y a simples vestigios tectónicos cubiertos por las construcciones actuales.